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domingo, 6 de septiembre de 2015

Continuará…



… Sorbida es la muerte en victoria (v. 54).
Durante mi niñez y adolescencia, en la década de 1950, los sábados por la tarde solía asistir a un cine local. Junto con dibujos animados y una película, presentaban una serie de aventuras que siempre terminaba con el héroe o la heroína enfrentando una situación difícil. Daba la impresión de que no había salida, pero cada episodio terminaba con la palabra «Continuará…».
El apóstol Pablo sabía lo que significaba enfrentar situaciones riesgosas. Fue encarcelado, azotado, apedreado; incluso sufrió un naufragio mientras procuraba llevar la buena noticia de Jesucristo a otras personas. Sabía que moriría algún día, pero nunca consideró que ese fuera el final de la historia. A los seguidores de Jesús en Corinto, les escribió: «Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria» (1 Corintios 15:54). La pasión que impulsaba la vida de Pablo era comunicar a los demás que Jesús, el Salvador, entregó su vida en la cruz para que, al poner la fe en Él, seamos perdonados de todos nuestros pecados y tengamos vida eterna.
Para el creyente en Cristo, la historia de su vida «continuará…» en la presencia de Dios.
Padre, te alabo por regalarme la vida eterna.
En la vida o en la muerte, Cristo es nuestra esperanza.
Nuestro Pan Diario

Candados del amor
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros… (v. 2).
Los «candados del amor» son un fenómeno creciente. Miles de personas enamoradas han colocado estos candados en puentes, puertas y cercas en todo el mundo. Las parejas graban sus nombres en ellos y los colocan en lugares públicos como un símbolo de su amor eterno. A algunas autoridades no les gusta debido al peligro que pueden generar si se colocan demasiados. Algunos piensan que son actos vandálicos, mientras que otros los consideran obras artísticas hermosas y cuadros del compromiso del amor.
Jesús nos mostró en un lugar público el verdadero «amor eterno». Lo exhibió en la cruz cuando entregó su vida para ofrecer el perdón de pecado. Además, sigue demostrándonos su amor cada día. La salvación no es solo una promesa de vida eterna con Dios, sino también una experiencia cotidiana de perdón, seguridad, provisión y gracia en nuestra relación con Él. El amor de Jesús hacia nosotros es el fundamento del desafío de Pablo a andar en amor para con los demás (Efesios 5:2).
El amor de nuestro Padre nos capacita para ser pacientes y amables. En su Hijo, nos ha dado el ejemplo supremo y el medio para amarnos unos a otros… para siempre.
¿Cómo has aprendido a amar a los demás? ¿Qué podrías hacer hoy para crecer en amor?
Jesús nos muestra cómo amar.
Nuestro Pan Diario
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miércoles, 2 de septiembre de 2015

No lo pospongas



Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo… (Juan 3:16).
Lectura: Lucas 9:57-62
Durante años, le hablé a mi primo lejano sobre su necesidad de un Salvador. Hace poco, cuando vino a visitarme y volví a invitarlo a recibir a Cristo, respondió de inmediato: «Me gustaría aceptar a Cristo y unirme a una iglesia, pero todavía no. Vivo entre personas con otras creencias. A menos que me mude, no podré practicar bien mi fe». La persecución, el ridículo y la presión de sus pares fueron las excusas para posponer su decisión.
Sus temores eran legítimos, pero le aseguré que, pasara lo que pasara, Dios no lo abandonaría. Lo insté a no postergarlo más y a confiar en la protección del Señor. Entonces, dejó de lado sus excusas, reconoció su necesidad del perdón divino y confió en Cristo como su Salvador personal.
Cuando Jesús invitaba a personas para que lo siguieran, estas también ponían excusas; todas relacionadas con intereses de este mundo (Lucas 9:59-62). La respuesta del Señor (vv. 60-62) nos exhorta a no permitir que las excusas nos priven de lo más importante en la vida: la salvación de nuestra alma.
¿Oyes el llamado de Dios para que aceptes la salvación que te ofrece? No lo pospongas. «He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación» (2 Corintios 6:2).
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«¡Cuán tiernamente Jesús os invita! ¡Oh, pecadores, venid!». ¿Vendrás hoy a Él?
Hoy es el día de salvación.
Nuestro Pan Diario
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martes, 1 de septiembre de 2015

El poder de las palabras




La muerte y la vida están en poder de la lengua (v. 21).
La biblia en un año: Salmo 119:89-176; 1 Corintios 8
Nelson Mandela, el famoso líder sudafricano, conocía el poder de las palabras. En la actualidad, sus frases suelen citarse, pero, cuando estaba preso, no podían repetirse por temor a las repercusiones. Diez años después de ser liberado, declaró: «Nunca acostumbro a usar palabras con ligereza. Si 27 años de encarcelamiento me han favorecido en algo, fue aprovechar el silencio de la soledad para entender cuán preciosas son las palabras y el impacto que produce nuestro vocabulario en la manera de vivir y de morir de las personas».
El rey Salomón, autor de la mayor parte de Proverbios, del Antiguo Testamento, escribió varias veces sobre el poder de las palabras: «La muerte y la vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18:21). Las palabras tienen el potencial de producir consecuencias positivas y negativas (v. 20): dar vida mediante el ánimo y la sinceridad o aplastar y matar con mentiras y murmuración. ¿Cómo podemos estar seguros de expresar palabras buenas que tengan resultados beneficiosos? La única manera es cuidar diligentemente nuestro corazón: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida».
Jesús puede transformar nuestro corazón para que nuestras palabras sean lo mejor en cada situación: sinceras, suaves, apropiadas y útiles.
Señor, guía hoy mis palabras.
Nuestras palabras tienen poder para edificar o derribar.
Nuestro Pan Diario
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