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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Otro aspecto del consuelo



… Oíd palabra del Señor… (v. 2).
Lectura: Jeremías 7:1-11
La Biblia en un año: Apocalipsis 7
El lema de nuestro campamento para adultos era «Consuela a mi pueblo». Un orador tras otro comunicaban palabras de ánimo, pero el último cambió de tono drásticamente. Tomó Jeremías 7:1-11, y su tema fue «Despierten del sueño». Sin rodeos, pero con amor, nos desafió a despertarnos y alejarnos de nuestros pecados: «No se escondan detrás de la gracia de Dios ni sigan viviendo en secreto. Nos jactamos, diciendo: “Soy cristiano; Dios me ama”, pero practicamos toda clase de pecados».
Sabíamos que tenía razón, pero nos retorcíamos en los asientos mientras lo escuchamos decir: «Dios es amor, ¡pero también es fuego consumidor! (Ver Hebreos 12:29). ¡Nunca será indulgente con el pecado!».
El profeta de la antigüedad preguntó: «Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso […] y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?» (Jeremías 7:9-10).
Esta era la otra cara del lema del campamento sobre el consuelo divino. Como una hierba amarga que cura la malaria, sus palabras fueron espiritualmente sanadoras. Si escuchamos palabras duras, no debemos huir, sino responder a su efecto curativo.
Señor, ayúdame a no desafiar tus instrucciones.
El propósito de la disciplina del Padre celestial es que nos asemejemos más a su Hijo.

Un «sueñito»
… más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor (2 Corintios 5:8).
Lectura: 1 Tes. 4:13-18
La Biblia en un año: Apocalipsis 6
Henry Durbanville, un pastor escocés de otra época, relata la historia de una anciana de su congregación, que vivía en una parte remota de Escocia. Ella anhelaba conocer Edimburgo, pero tenía miedo de viajar hasta allí porque el tren que iba a esa ciudad pasaba por un túnel largo y oscuro.
No obstante, un día, ciertas circunstancias la obligaron a ir a la capital escocesa. A medida que el tren se acercaba rápidamente a la ciudad, más nerviosa se ponía. Pero, antes de llegar al túnel y agotada por la preocupación, la mujer se quedó dormida. Cuando despertó, ¡ya había llegado a Edimburgo!
Es posible que algunos no experimenten la muerte. Si estamos vivos cuando Jesús vuelva, los que creemos en Él nos reuniremos con el «Señor en el aire» (1 Tesalonicenses 4:13-18). No obstante, muchos llegarán al cielo cuando mueran, y a algunos, esto les genera gran ansiedad. Nos preocupa que el proceso previo a la muerte sea demasiado difícil de soportar.
Si tenemos la seguridad de que Jesús es nuestro Salvador, podemos descansar confiados en que, cuando cerremos nuestros ojos en este mundo y experimentemos la muerte, los abriremos en la presencia de Dios. «Tras un breve sueño, despertamos a la eternidad», dijo John Donne.
Señor, pongo mi futuro en tus manos. Anhelo verte cara a cara.
Ver a Jesús será el mayor gozo del cielo.
Nuestro Pan Diario
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martes, 27 de diciembre de 2016

¿Quién dices que es Él?



«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (v. 15 RVC).
Lectura: Mateo 16:13-20
La Biblia en un año: Apocalipsis 9
En 1929, en una entrevista, Alberto Einstein dijo: «Cuando era niño, me enseñaron de la Biblia y del Talmud. Soy judío, pero me cautiva la figura luminosa del Nazareno […]. Nadie puede leer los Evangelios sin sentir la presencia real de Jesús. Su personalidad palpita en cada palabra. Ningún mito contiene tanta vida».
El Nuevo Testamento da otros ejemplos de compatriotas de Jesús, quienes percibían que Él tenía algo especial. Cuando les preguntó a sus seguidores: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?», ellos respondieron que unos decían que era Juan el Bautista; otros, que era Elías; y algunos, que era Jeremías o uno de los profetas (Mateo 16:14). Que lo mencionaran entre los grandes profetas de Israel era sin duda un elogio, pero Jesús no buscaba eso, sino que los escudriñaba para ver si tenían fe. Entonces, hizo una segunda pregunta: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (v. 15 RVC).
La declaración de Pedro expresa la verdad sobre la identidad de Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (v. 16).
Jesús anhela que lo conozcamos a Él y su poder salvador. Por eso, en algún momento, debemos responder la pregunta: «¿Quién dices tú que es Jesús?».
Señor, deseo conocerte mejor, amarte más y seguirte de todo corazón.
La identidad de Jesús es la cuestión central de la eternidad.
                            
Nuestra cobertura
Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado (Salmo 32:1).
Lectura: Romanos 3:21-26
La Biblia en un año: Apocalipsis 8
Cuando hablamos de nuestra fe en Jesús, a veces, usamos palabras que no entendemos ni explicamos. Una de ellas es justo. Decimos que Dios administra justicia y que hace justas a las personas, pero este puede ser un concepto difícil de comprender.
La forma en que el idioma chino representa la palabra justicia es útil. Combina dos caracteres: la palabra de arriba es cordero; y la de abajo es yo. El cordero cubre o está encima de la persona.
Cuando Jesús vino a este mundo, Juan el Bautista lo llamo «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Necesitamos que se solucione el problema de nuestro pecado porque nos separa de Dios, cuya esencia y caminos son siempre perfectos y rectos. Debido a su gran amor por nosotros, a su Hijo Jesús «que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21). Jesús, el Cordero, se sacrificó y derramó su sangre, y se convirtió en nuestra «cobertura». Él nos hace justos, lo cual nos coloca en una relación correcta con Dios.
Estar bien con Dios es un regalo de su parte. Jesús, el Cordero, es la forma en que Dios nos cubre.
Señor, gracias por morir en la cruz por mí para cubrir y quitar mis pecados, y pueda tener una relación contigo.
La única cobertura permanente para el pecado es la sangre de Cristo.
Nuestro Pan Diario
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