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miércoles, 15 de noviembre de 2017

La mano de consuelo



Por Randy Kilgore

La Biblia en un año: Jeremías 48–49; Hebreos 7
Las notas de la enfermera decían: «Paciente agresivo».
Lo que ella no supo hasta después fue que tuve una reacción alérgica al despertar de una cirugía a corazón abierto. Estaba hecho un lío, con un tubo metido en la garganta. Mi cuerpo empezó a sacudirse con violencia, en un intento de zafarme de las correas que me sostenían los brazos y evitaban que me quitara de un tirón el tubo del respirador. Fue un episodio aterrador y doloroso. En un momento, una ayudante de la enfermera se acercó y simplemente me sostuvo la mano. Me conmovió este gesto inesperado; empecé a relajarme y a dejar de temblar.
Como había tenido esta experiencia con otros pacientes, la ayudante sabía que una mano de consuelo podía servirme. Fue un ejemplo vívido de cómo Dios usa el consuelo cuando sus hijos sufren.
El consuelo es un recurso poderoso y memorable para cualquiera que cuide a otro, y, en 2 Corintios 1:3-4, Pablo afirma que es una importante herramienta de Dios. No solo eso, sino que Dios también multiplica el impacto de su consuelo al llamarnos a usar el recuerdo del consuelo que nos da para consolar a otros en situaciones similares (vv. 4-7). Es otra señal de su gran amor, y podemos compartirlo con otros… a veces, con el gesto más simple.
Gracias, Padre, por consolarnos. Ayúdanos a consolar a otros en tu nombre.
Los gestos sencillos pueden brindar un consuelo inmenso.

La buena Tierra
Por Philip Yancey
La Biblia en un año: Jeremías 50; Hebreos 8
Mientras giraba alrededor de la luna en 1968, un astronauta del Apollo 8 describió el paisaje lunar como «un horizonte inquietante […], un lugar sombrío y desagradable». Después, la tripulación se turnó para leerle Génesis 1:1-10 al mundo que miraba. Cuando el comandante Borman terminó el versículo 10, «Y vio Dios que era bueno», concluyó: «Que Dios los bendiga a todos en la buena Tierra».
El primer capítulo de la Biblia insiste en dos cosas:
La creación es obra de Dios. La frase «y dijo Dios…» le da un ritmo especial a todo el capítulo. Todo lo que sigue en la Biblia refuerza el mensaje de Génesis 1: Detrás de la historia, está Dios.
La creación es buena. Otra frase que repica suavemente a lo largo del capítulo: «Y Dios vio que era bueno». Mucho ha cambiado desde aquel primer momento de la creación. Génesis 1 describe el mundo como Dios lo quería, antes de cualquier deterioro. Toda la belleza que percibimos hoy en la naturaleza es apenas un eco del estado prístino que Dios creó.
Los astronautas del Apollo 8 vieron la Tierra como una bola de brillantes colores que colgaba sola del espacio. Parecía maravillosamente hermosa y frágil a la vez. Se parecía a verla desde Génesis 1.
Señor, gracias porque toda la creación muestra la obra de tus manos.
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra». Génesis 1:1
Nuestro Pan Diario

martes, 14 de noviembre de 2017

Piensa antes de hablar



Por Poh Fang Chia
Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios (v. 3).
Leer: Salmo 141
La Biblia en un año: Jeremías 43–45; Hebreos 5
Cheung estaba enojado con su esposa por no haber verificado cómo llegar al restaurante donde querían cenar. La familia había planeado culminar sus vacaciones en Japón con una comida deliciosa antes de subir al avión. Ahora, ya era tarde y se perderían la cena. Frustrado, Cheung criticó a su esposa por su falta de planificación.
Más tarde, lamentó sus palabras. Había sido demasiado duro, y se dio cuenta de que no le había dado gracias a su esposa por los otros siete días tan bien organizados.
Muchos podemos identificarnos con Cheung. Nos vemos tentados a explotar cuando nos enojamos. Tenemos que orar como hizo el salmista: «Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios» (Salmo 141:3).
Pero ¿cómo podemos hacerlo? Aquí tienes una ayuda: piensa antes de hablar. ¿Tus palabras son buenas y útiles, cordiales y agradables? (Ver Efesios 4:29-32).
Para poner guarda a nuestra boca, es necesario que la mantengamos cerrada cuando estamos irritados y que busquemos la ayuda del Señor para decir las palabras correctas con el tono adecuado o, quizá, para callar. Controlar nuestras palabras es una labor de toda la vida. Pero, gracias a Dios, Él nos ayuda y produce en nosotros «el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13).
Señor, ayúdanos a pensar siempre antes de hablar.
«Panal de miel son los dichos suaves…». Proverbios 16:24

Un buen final
Por Amy Boucher Pye
La Biblia en un año: Jeremías 46–47; Hebreos 6
Mientras las luces se atenuaban y nos preparábamos para ver Apollo 13, mi amiga dijo suspirando: «Qué lástima que todos murieron». Miré la película sobre el vuelo espacial de 1970 con aprensión, esperando que llegara la tragedia, y, recién cerca del final, me di cuenta de que me había engañado. No recordaba el final de la historia verdadera: que, aunque los astronautas enfrentaron muchas dificultades, regresaron sanos y salvos.
En Cristo, podemos conocer el final de la historia… que también llegaremos al hogar celestial a salvo. Es decir, viviremos para siempre con nuestro Padre, como vemos en el libro de Apocalipsis. El Señor también creará «un cielo nuevo y una tierra nueva», al hacer nuevas todas las cosas (21:1, 5). En la nueva ciudad, el Señor recibirá a su pueblo para que viva con Él, sin temor y sin noche.
Saber el final de la historia nos llena de esperanza. Puede transformar tiempos de increíble dificultad, como cuando enfrentamos la muerte de un ser querido o incluso la propia. Aunque a nadie le gusta la idea de morir, podemos abrazar el gozo de la promesa de la eternidad. Anhelamos la ciudad donde ya no habrá maldición, y donde viviremos para siempre a la luz de Dios (22:5).
Señor Jesús, dame tu esperanza segura, y que pueda descansar en tus promesas y disfrutar ya la vida eterna.
Dios promete a su pueblo un final feliz de la historia.
Nuestro Pan Diario

sábado, 11 de noviembre de 2017

Oración y el tiempo de Dios

Por jb
[Dios] es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos… (Efesios 3:20).
Leer: Lucas 1:5-17 
La Biblia en un año: Jeremías 37–39; Hebreos 3
A veces, Dios se toma su tiempo para responder nuestras oraciones, y nos cuesta entenderlo.
Esa era la situación de Zacarías, un sacerdote a quien se le apareció el ángel Gabriel y le dijo: «Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan» (Lucas 1:13, énfasis añadido).
Probablemente, Zacarías le había pedido a Dios un hijo muchos años antes, y le costaba creer el mensaje del ángel ahora que su esposa estaba más allá de la edad de tener hijos. Aun así, Dios respondió su oración.
La memoria de Dios es perfecta. Jamás olvida nuestras oraciones, y tal vez responda mucho después de que le presentamos nuestras peticiones. A veces, el Señor responde «no», y otras, «espera», pero su respuesta siempre está acompañada de amor. Los caminos de Dios superan los nuestros, pero siempre podemos confiar en que son buenos.
Eso fue lo que descubrió Zacarías. Pidió un hijo, pero Dios le dio aún más. Su hijo Juan se transformaría en el profeta que anunciaría la llegada del Mesías.
La experiencia de Zacarías demuestra una verdad vital que debería animarnos al orar: los tiempos de Dios rara vez son los nuestros, pero siempre vale la pena esperarlos.
Salvador, ¡gracias porque puedes tomar mis oraciones y hacer mucho más de lo que puedo imaginar!
Cuando no podemos ver la mano de Dios, podemos confiar en su corazón.

Segundas oportunidades
Por Keila Ochoa
… El Señor no ha dejado de mostrar su fiel amor… (Rut 2:20 NVI).
Leer: Rut 4:13-17 
La Biblia en un año: Jeremías 40–42; Hebreos 4
«¿Cómo pueden ser tan buenos conmigo si ni siquiera me conocen?».
Después de tomar algunas malas decisiones, Linda había terminado en la cárcel en un país extranjero. Cuando la liberaron después de seis años, no tenía dónde ir. Mientras su familia juntaba dinero para comprarle el billete de regreso, una pareja bondadosa le ofreció hospedaje, comida y ayuda. A Linda la conmovió tanto su bondad que los escuchó con gusto cuando le contaron la buena noticia de un Dios que la amaba y deseaba darle una segunda oportunidad.
Linda me recuerda a Noemí, una viuda de la Biblia que perdió a su esposo y dos hijos en una tierra extraña, y pensó que todo había terminado (Rut 1). Sin embargo, el Señor no se había olvidado de Noemí, y, a través del amor de su nuera y la compasión de un hombre piadoso llamado Booz, vio el amor de Dios y recibió una segunda oportunidad (4:13-17).
El mismo Dios se ocupa hoy de nosotros. Mediante el amor de otros, podemos recordar su presencia. Pero, sobre todas las cosas, Dios está dispuesto a ofrecernos empezar de nuevo. Al igual que Linda y Noemí, lo único que necesitamos es ver la mano de Dios en nuestra vida y entender que Él nunca deja de mostrarnos su bondad.
Señor, gracias por ofrecernos volver a empezar.
Dios da segundas oportunidades.

Nuestro Pan Diario