
El amor nunca deja de ser… —1 Corintios 13:8
Hace años, vi una historieta que pintaba a un anciano disgustado y huraño, vestido con un piyama y una bata arrugada, y de pie junto a la puerta de su apartamento. Acababa de asegurar la puerta con cuatro candados, dos cerrojos y una cadena antes de ir a dormir. Más tarde, vio un pequeño sobre blanco metido por debajo de la puerta, con un adhesivo con forma de corazón. Era una tarjeta del día de San Valentín. El amor se había abierto camino.
Solo el amor puede cambiar el corazón de una persona. En su libro Los hermanos Karamazov, el escritor ruso Dostoievski relata la historia de Ivan, un cínico encarnizado, y su rechazo al amor de Dios. En una ocasión, su hermano Alyosha, un hombre de una fe profunda y al que lo perturbaba la resistencia de Ivan, se inclinó hacia él y lo besó. Este sencillo acto de amor conmovió el corazón de su hermano.
Quizá tengas un amigo que rechaza el amor de Dios. Demuéstraselo, tal como Él lo hizo cuando trajo la salvación al mundo por medio de Jesucristo. Derrama sobre los demás la clase de amor que se describe en 1 Corintios 13: paciente, bondadoso, humilde y generoso.
El amor auténtico es un regalo de Dios que podemos seguir dando.
—DHR
Dios derrama su amor en nuestro corazón para que fluya hacia los demás.
NUESTRO PAN DIARIO
Más y más
Lectura: 1 Tesalonicenses 3:12–4:10
Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos… —1 Tesalonicenses 3:12
Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos… —1 Tesalonicenses 3:12
Un eslogan que suele oírse en la actualidad en este mundo económicamente inestable es «menos y menos». Se insta a los gobiernos a equilibrar sus presupuestos, y a la gente se le pide que disminuya el uso de energía eléctrica y de los limitados recursos. Todos deberíamos prestar atención a este buen consejo. Sin embargo, en la esfera de la fe, el amor, la gracia y la fortaleza no escasean. Por eso, como seguidores de Cristo, se nos exhorta a demostrar su amor cada vez más.
En la primera carta a los creyentes de Tesalónica, Pablo los insta a abundar «más y más» en las cualidades que le agradan a Dios, en el amor mutuo y en el fraternal (4:1, 10).
Esta clase de amor expansivo solo se logra porque proviene de los recursos ilimitados de Dios, no de un suministro que disminuye. La poetisa Annie Johnson Flint escribió:
Su amor no termina, su gracia no acaba;
Un límite no hay al poder de Jesús.
Pues de sus inmensas riquezas en gloria,
abundan sus dones, abunda su amor.
El apóstol Pablo expresó lo que deseaba para los creyentes: «Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros» (1 Tesalonicenses 3:12).
¿Cuánto debemos amar a Dios y a los demás? ¡Más y más!
—DCM
Mis limitaciones no cambian el poder ilimitado de Dios para amar a través de mí.
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