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sábado, 26 de noviembre de 2016

Aprender a amar



Seguid el amor… (1 Corintios 14:1).
Lectura: 1 Corintios 13
La biblia en un año: Hechos 5:22-42
El amor logra muchas cosas buenas, pero también nos hace vulnerables. De vez en cuando, quizá nos preguntemos: «¿Para qué amar si los demás no lo valoran?», o «¿para qué amar y exponerme a que me lastimen?». Sin embargo, el apóstol Pablo nos da una razón clara y sencilla para hacerlo: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. Seguid el amor» (1 Corintios 13:13; 14:1).
«El amor es una actividad, la actividad esencial del mismo Dios —escribe el comentarista bíblico C. K. Barrett—, y, cuando los hombres aman a Dios o a los demás, hacen (aunque de manera imperfecta) lo que Dios hace».
Para seguir el camino del amor, piensa cómo puedes poner en práctica 1 Corintios 13:4-7. Por ejemplo, ¿cómo puedo mostrarle a mi hijo la misma paciencia que Dios tiene conmigo? ¿Cómo puedo mostrar bondad y respeto a mis padres? ¿Qué significa buscar lo mejor para los demás en el trabajo? Cuando algo bueno le sucede a un amigo, ¿me gozo con él o siento envidia?
Para amar, tenemos que volver constantemente a Dios, su fuente, y a Jesús, el mayor ejemplo de amor. Solo entonces, entenderemos plenamente el amor verdadero, y encontraremos la fuerza para amar a los demás como Dios nos ama.
Señor, ayúdame a amar como tú me amas.
… el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. —1 Juan 4:7

En el monte Calvario
Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas… (v. 2).
La biblia en un año: 2 Crónicas 30–31; Juan 18:1-18
A menudo, me encuentro pensando en los años cuando mis hijos eran pequeños. Algo que recuerdo con mucho cariño es nuestra rutina matinal para despertarlos. Todas las mañanas, entraba en sus cuartos y, con ternura, los llamaba por su nombre y les decía que era hora de levantarse y prepararse para las actividades del día.
Cuando leo que Abraham se levantó de madrugada para obedecer el mandato de Dios, pienso en aquellos momentos cuando despertaba a mis hijos y me pregunto si parte de la rutina de aquel patriarca era ir a la cama de Isaac para despertarlo… y qué diferente debe de haber sido aquella mañana en particular. ¡Cuán desgarrador habrá sido despertar a su hijo aquella madrugada!
Abraham ató a su hijo y lo colocó sobre el altar, pero, después, Dios proveyó un sacrificio sustituto. Cientos de años más tarde, el Padre celestial también proveería otro sacrificio, el definitivo: su propio Hijo. ¡Piensa en lo agonizante que debe de haber sido para Dios sacrificar a su único Hijo, al cual amaba tanto! Sin embargo, soportó todo eso porque también te ama a ti.
Si dudas de que Dios te ama, no dudes más.
Dios ya ha demostrado que te ama.

Lo que hacemos
… prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios… (v. 14).
La biblia en un año: 2 Crónicas 23–24; Juan 15
Cuando murió Roger Ebert, ganador del premio Pulitzer como crítico de cine, un periodista escribió: «Con toda su fama, honores y celebridad, todas sus entrevistas exclusivas y encuentros con grandes actores, Ebert nunca olvidó la esencia de lo que hacemos: críticas de películas. Él las reseñaba con un celo contagioso y un intelecto inquisitivo» (Dennis King, The Oklahoman).
El apóstol Pablo nunca olvidó la esencia de lo que Dios quería que fuera e hiciera. La convicción y el entusiasmo eran el núcleo de su relación con Cristo. Ya fuera que razonara con filósofos en Atenas, naufragara en el Mediterráneo o estuviera preso y encadenado a un soldado romano, se centraba en su llamado a «conocerle [a Cristo], y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos», y enseñar sobre Él (Filipenses 3:10).
A la iglesia en Filipos, le escribió: «yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (3:13-14). En cualquier circunstancia, Pablo continuaba fiel a su llamado.
Que siempre recordemos la esencia de lo que fuimos llamados a ser y hacer como seguidores de Jesús.
El fervor de Pablo se centraba únicamente en su relación con Jesucristo.
Nuestro Pan Diario

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